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A medida que se acerca la temporada de Navidad y vacaciones de fin de año, los aeropuertos del mundo experimentan uno de los periodos de mayor congestión del calendario. Aumenta el flujo de viajeros, se reducen los márgenes de maniobra operativa y, con ello, se multiplican también las confusiones, los errores y las frustraciones.
Uno de los temas que más controversia genera en estas fechas es el transporte de mascotas, particularmente cuando los pasajeros intentan viajar con lo que denominan “mascotas de apoyo emocional”, sin conocer en profundidad las diferencias normativas, los requisitos, o los procesos que exigen las aerolíneas.
En este contexto, diversas compañías aéreas han reforzado sus mensajes para aclarar que no basta con presentarse en el counter del aeropuerto con un certificado genérico y esperar que el animal sea aceptado a bordo.
Viajar con un animal requiere planificación, validación previa, documentación específica y, sobre todo, el cumplimiento estricto de las políticas de cada aerolínea y de la normativa internacional vigente. La aceptación final no depende de la voluntad del pasajero, sino de un proceso formal que debe iniciarse con suficiente anticipación.
El origen del concepto y la confusión actual
El concepto de animal de apoyo emocional surgió en la década de 1990 en Estados Unidos, impulsado por profesionales de la salud mental que identificaron beneficios terapéuticos en la compañía de ciertos animales para personas con diagnósticos como ansiedad, depresión, estrés postraumático u otros trastornos psicológicos.
Estos animales cumplen una función de acompañamiento y consuelo, pero, a diferencia de los animales de servicio, no requieren entrenamiento formal ni especializado para realizar tareas concretas.
Este matiz, que puede parecer técnico, es clave para entender el problema actual. Los perros de servicio cuentan con adiestramiento profesional, certificaciones reconocidas y un respaldo legal que les permite acceder a espacios públicos y viajar bajo condiciones específicas.
Los animales de apoyo emocional, en cambio, no gozan del mismo reconocimiento legal en la mayoría de los países ni de las mismas prerrogativas en el transporte aéreo.
Con el paso de los años, el concepto se fue popularizando y, en muchos casos, desvirtuando. Hoy, es común que pasajeros asuman que cualquier mascota puede ser considerada de apoyo emocional con solo presentar una carta o certificado, lo que ha generado tensiones operativas, problemas de seguridad y conflictos en aeropuertos, especialmente en temporadas de alta demanda.
No todas las aerolíneas aceptan animales de apoyo emocional
Uno de los errores más frecuentes que cometen los viajeros es asumir que todas las aerolíneas manejan las mismas políticas. Sin embargo, esto se aleja mucho de la realidad. Algunas compañías no aceptan animales de apoyo emocional y únicamente transportan animales de servicio debidamente certificados.
En el caso de los grupos Air France y KLM, es fundamental hacer una distinción clara. Su vocera, Diana Jallon, aclara que KLM transporta perros de servicio que cuenten con un certificado de adiestramiento válido. Air France, por su parte, y siguiendo la normativa internacional, acepta perros guía y perros de servicio adiestrados.
Estos últimos no pueden viajar en cabina, pero sí son transportados en bodega bajo estrictas normas que buscan garantizar un viaje tranquilo y seguro para el animal.
Por ello, el primer paso para cualquier pasajero que planee viajar con su mascota es verificar si la aerolínea de su elección acepta el tipo de animal con el que desea viajar. Este paso, aunque básico, suele omitirse y es una de las principales causas de negativas de embarque.
Las aerolíneas recomiendan realizar la solicitud con antelación y asegurarse de que esta quede correctamente incluida en la reserva. Antes, incluso de comprar el tiquete o de confirmar el itinerario, el pasajero debe informarse sobre los requisitos y los plazos.
En el caso específico de KLM, antes de realizar la reserva, el cliente debe enviar el formulario de solicitud denominado “perro de servicio entrenado en cabina”, debidamente completado y firmado. Solo tras la revisión y validación de esta información se recomienda avanzar con la planificación del viaje.
¿Por qué un certificado no es suficiente?
Otro de los grandes malentendidos gira en torno a la documentación. Muchos pasajeros creen que presentar un certificado garantiza automáticamente la aceptación del animal. Esto no es así.
Para viajar con un perro de asistencia o de servicio, se debe contar, como mínimo, con un certificado de adiestramiento profesional emitido por una organización certificada y reconocida y/o por un adiestrador canino.
Este documento debe incluir el nombre y la dirección de la entidad o del adiestrador, los detalles del tipo y la duración del adiestramiento, y la tarea específica para la cual el perro ha sido entrenado y ha completado satisfactoriamente su formación.
A esto se suma un informe de salud emitido por un veterinario, el comprobante de vacunación y, en vuelos internacionales, otros documentos exigidos por la normativa del país de destino, de salida o de conexión.
Entre ellos, destaca el Certificado de Inspección Sanitaria expedido por la autoridad competente, en Colombia, el ICA, cuya ausencia es uno de los errores más comunes detectados en aeropuertos durante estas fechas.
No obstante, es importante aclarar que existen aerolíneas que sí aceptan animales de apoyo emocional bajo políticas distintas. En estos casos, el pasajero puede viajar con su mascota presentando el carné de vacunación vigente y un certificado emitido por un profesional de la psicología que respalde la necesidad del acompañamiento.
Sin embargo, estas condiciones no son universales ni aplican a todas las compañías aéreas. Por ello, se recomienda siempre revisar con anticipación los requisitos específicos de la aerolínea elegida, con el fin de evitar contratiempos o negativas de embarque.
Condiciones de aceptación a bordo
Incluso cuando la documentación está completa, el transporte del perro está sujeto a condiciones operativas estrictas. El animal debe estar educado y adiestrado, cumplir todas las exigencias sanitarias de los países involucrados y viajar equipado con un arnés.
Durante el vuelo, debe permanecer atado a la estructura del asiento o al cinturón de seguridad del pasajero, sin obstaculizar los pasillos ni el espacio asignado a otros viajeros.
El perro no puede ocupar un asiento ni viajar delante de las salidas de emergencia. Si su tamaño no permite respetar estas condiciones, podrá ser transportado gratuitamente en bodega, siempre que el pasajero disponga de un transportín adecuado.
En vuelos de más de ocho horas, se exige un certificado veterinario que acredite que el perro no hará sus necesidades durante el trayecto, con el fin de evitar problemas de higiene en cabina. Si el animal requiere medicación para viajar con tranquilidad, el pasajero debe llevar la receta correspondiente.
En el caso de los perros de servicio, no existe una cantidad específica limitada por vuelo. Sin embargo, esto no significa que no haya restricciones operativas.
La temporada alta, como Navidad y vacaciones, reduce la flexibilidad y exige una planificación aún más cuidadosa. Además, es importante recordar que el transporte de mascotas tiene un costo adicional, con excepción de los perros de servicio, que se transportan sin costo.
Recomendaciones para evitar contratiempos
La principal recomendación para los viajeros es clara: hacerlo ccon anticipación. Informarse, verificar si la aerolínea acepta el tipo de animal, iniciar la solicitud de transporte con suficiente tiempo y reunir toda la documentación exigida son pasos indispensables. Indicar desde el inicio que se trata de un perro de asistencia o de servicio y no asumir que la categoría de “apoyo emocional” será automáticamente aceptada puede marcar la diferencia entre un viaje fluido y una negativa de embarque.
En definitiva, la temporada de fiestas no es el momento para improvisar. Viajar con una mascota, y especialmente con un perro, implica responsabilidades y procesos que no admiten atajos.
No basta con llegar al counter y decir “es de apoyo emocional”. La aceptación depende de la validación de la compañía aérea y de una correcta planificación, algo que, en épocas de alta demanda, resulta más importante que nunca.
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