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El sector lácteo en Colombia no está en crisis. Sin embargo, en el arranque de 2026 se han presentado algunos hechos que alertan de posibles riesgos para la actividad en el corto plazo. Entre ellos están el bajo precio al productor, las importaciones y la salida de las empresas Algarra y Lechesan del Grupo Gloria Foods, anunciada esta semana.
Antes de revisar las banderas rojas, una buena noticia: los lecheros vienen de un año de crecimiento en el consumo y de cierta estabilidad, luego de enfrentar una coyuntura difícil entre 2023 y 2024. La principal razón fue la elevada producción y un consumo que no terminaba de despegar, con un leve aumento del 0,9 % en 2024 y caídas de 6 y 9 % en 2023 y 2022, respectivamente
Pero 2025 fue distinto. El consumo de leche y derivados en el país aumentó en 3,5 %, según el índice de gasto de los hogares de la firma Raddar. Se trató de la recuperación del consumo más importante en los últimos cuatro años. Esto ayudó a que el sector normalizara su actividad.
La producción no se quedó atrás, pues se generaron más de 8.000 millones de litros de leche cruda, 9 % más que en 2024, según cifras de Fedegán.
La industria láctea ha desarrollado una variedad de productos y presentaciones que buscan responder a las “necesidades particulares de los consumidores y fortalecer la presencia de los lácteos en la mesa de los colombianos”, dice La Asociación Colombiana de Procesadores de la Leche (Asoleche).
Sumas y restas: no dan las cuentas
Ahora, los lecheros buscan arrancar los problemas de raíz antes de que crezca una nueva crisis. El primero de ellos, el que más les preocupa, está relacionado con el precio a los productores.
Desde la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegán) y la Asociación de Productores de Leche (Analac) advierten que es muy bajo el ajuste anual que le hizo el Ministerio de Agricultura al precio pagado por gramo de proteína grasa y sólidos totales de la leche cruda.
El incremento para el rubro es de 1,30 %, resultado de la aplicación del Índice Compuesto del Sector Lácteo, de acuerdo con la cartera. El problema es que el valor es inferior a la inflación de 2025 (5,1 %) y al incremento del salario mínimo (23 %), que representan cerca de 40 % de los costos de producción.
El Ministerio reconoció que algunas variables económicas de 2026 (como la mano de obra y el valor de los insumos requeridos) podrían tener mayor impacto en los costos de producción. Por eso, el Gobierno Nacional le hará seguimiento al índice, con el fin de calcular un posible ajuste adicional en el segundo trimestre del año.
Sin embargo, la medida no resulta suficiente. Corina Zambrano, presidenta ejecutiva de Analac, advierte que con el nuevo precio se pone en riesgo la rentabilidad de la actividad. La siuación podría derivar en la salida de productores y una menor disponibilidad de leche, lo que impactaría la seguridad alimentaria. “No estamos quebrados, pero si no hacemos algo vamos a tener inconvenientes”, resalta.
El precio no sólo queda por debajo para los ganaderos, también es desproporcionado frente al porcentaje que le ha subido la industria procesadora. La inflación de la leche fue de 3,7 % y la de sus derivados, de 4 % entre enero y febrero, de acuerdo con las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Este desequilibrio podría generar inconvenientes más adelante. Óscar Cubillos, jefe de Planeación y de Estudios Económicos de Fedegán, teme que el consumo se eche para atrás por el incremento del precio.
Y añade que le solicitaron al Ministerio que el incremento fuera, por lo menos, equivalente a la inflación. “Pero, desafortunadamente, hay unas reglas en la fórmula que son así. Hay que revisarla desde lo técnico para que cada año no sufran los productores si es muy bajo, ni la industria si es muy alto. Debería tenerse en cuenta la canasta de insumos al ganadero porque están haciendo un hueco muy grande en la rentabilidad”, explica Cubillos.
Importaciones e informalidad
Otro aspecto que preocupa a los lecheros es el crecimiento de las importaciones. Al renglón de productos lácteos pasaron de entrar 67.510 toneladas en 2024 a 81.781 toneladas en 2025, lo que equivale a un incremento de 21 %, de acuerdo con los datos del DANE.
Para este año el panorama es más crítico respecto a Estados Unidos, ya que el Tratado de Libre Comercio (TLC) le permite tener arancel cero para las ventas en leche en polvo. Este se usa, principalmente, como insumo en la industria de confitería y galletería.
El sector colombiano esperaba que el Ministerio de Comercio investigara unas presuntas subvenciones a la producción de leche en EE. UU. Pero la autoridad concluyó que, aunque hubo subsidios a la producción estadounidense, no se demostró la incidencia sobre el precio de importación y no se comprobó una subvaloración significativa frente al producto nacional.
Además de las importaciones, al país llega producto de contrabando “porque no hay seguridad para cubrir las fronteras con Ecuador y Venezuela”, en palabras de Cubillos.
El problema del comercio exterior es que llegue leche a un precio más bajo, lo que le resta competitividad a los productores locales.
No sólo la informalidad se da en las importaciones. Hay quienes se mantienen al margen del funcionamiento regular, no tributan ni pagan nóminas. Asoleche estima que en Colombia cerca de 45 % de la leche producida es comercializada y procesada por vías informales, lo que perjudica a la cadena. Esto afecta el ingreso de los productores y genera competencia irregular.
Grupo Gloria deja de ordeñar
La última señal de alerta viene por cuenta de la salida de las empresas Algarra (fundada en 1955 en Zipaquirá, Cundinamarca) y Lechesan (marca de productos lácteos creada en 1971 en Santander). Ambas son propiedad del grupo empresarial peruano Gloria Foods.
El conglomerado explica que, tras revisar la estrategia de su portafolio en América Latina, decidió suspender sus operaciones en el negocio de lácteos y enfocarse en el segmento de bebidas mediante la empresa California, que se fundó en Barranquilla en 1956.
El cambio para el grupo responde a que buscan concentrar sus esfuerzos en un negocio que reconoce mayores ventajas competitivas y oportunidades de crecimiento sostenible. Por eso, “la decisión implica el cierre parcial de la planta de Cogua, así como la suspensión de otras actividades vinculadas a esta línea de negocio en el país”, dice.
Al respecto, Asoleche, Analac y el Ministerio de Agricultura concuerdan en que no se trata de un comportamiento generalizado del sector y sus empresas. Aunque a Zambrano le preocupa que la coyuntura pueda llevar a especulaciones de precio y distorsión en el mercado que vayan en detrimento de los productores.
Si bien la planta de Cogua procesaba aproximadamente 130.000 litros diarios de leche, Analac considera que no representa una magnitud capaz de alterar estructuralmente el mercado nacional de leche cruda porque representa cerca de 0,56 % de la producción nacional (que está por los 23 millones de litros de leche al día).
De todos modos, el cierre de una empresa afecta a sus proveedores en Boyacá y Cundinamarca. Se espera que el mismo grupo acompañe el proceso de reubicación y ayude a garantizar alternativas comerciales para los lecheros en el menor tiempo posible.
Por su parte, el Gobierno abrió espacios de diálogo con los actores del sector para avanzar en alternativas de acopio y transformación. Además, reiteran el llamado a fortalecer esquemas asociativos y cooperativos que brinden a los productores mayor capacidad de negociación y aporten valor agregado.
“Nos preocupa que se abra el espectro de la informalidad. Si bien puede ser poca la participación de Gloria Foods, es una alerta de lo que puede pasar con otras empresas pequeñas. Es un negocio apretado”, sostiene Cubillos.
El panorama del sector lácteo no evidencia que esté en un momento crítico y sobrestimar las señales de alerta pueden generar una especulación que termine perjudicando a los productores, especialmente. Tampoco se trata de posponer las alarmas. Atenderlas ayudará a prevenir una emergencia futura.
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